
Arquitectos: Quena Margarita Gonzalez Escobar – Juan David Hoyos Taborda
Ubicación: Fredonia, Antioquia, Colombia
Construcción: Madera FSC
Constructor: Denso Arquitectura
Estructura: Wilmar Alberto Vélez
Fotografías: Alejandro Arango
Área Construída: 67,5m2
Área Lote: 19,500 m2
Año: 2023
Descripción enviada por el equipo del proyecto



Casa de Reforestación Lamarilla es la estrategia que nos permite habitar el lugar para realizar el trabajo de reforestación y conservación del ecosistema. Esta arquitectura está diseñada para adaptarse a diferentes tipos de terreno donde se lleve a cabo un proceso de reforestación, permitiendo al habitante vivir el lugar hasta deshacerse en él. Es un modelo sostenible que contribuye a la restauración y conservación de los sistemas naturales.



El diseño arquitectónico plantea un esquema básico, compacto y flexible de lo doméstico, que busca reducir el impacto sobre el territorio y minimizar el uso de materia prima para su construcción. En la planta baja, la casa cuenta con un salón multifuncional para estar, comer, trabajar y dormir; una cocina que se abre hacia el deck; y un baño que se extiende hacia un paisaje privado. En el altillo hay una habitación para dormir.
El deck exterior permite disfrutar del entorno durante el día y se utiliza también para los trabajos de vivero.






La arquitectura es una herramienta clave para generar conciencia sobre prácticas sostenibles con el medio ambiente, aportando soluciones a la crisis climática actual.
Por ello, se plantea un desarrollo básico, utilizando materiales renovables y de bajo impacto ambiental, que se integra armoniosamente con el paisaje y entiende la base natural como la primera capa para generar una arquitectura del lugar, capaz de crear nuevos paisajes naturales, sociales y culturales.






La piedra cayó hace millones de años, partió desde el centro de la tierra
y atravesó el Cerro Bravo con la fuerza de la vida.
Hace muchos años llegó la colonización tumbando el monte
y trazaron un paisaje productivo para el hombre.
El café y la minería empezaron a ocupar el territorio
y los ecosistemas se agotaron.
Pasaron los años y empezamos a añorar volver a la naturaleza, a la tierra.
Un día de febrero floreció el nogal cafetero que acompañaba a la piedra
y pudimos ser custodios de ese cielo.
Lamarilla entonces empezó a dibujarse como un trazo suave cerca a la piedra,
elevada del suelo con madera y arcilla.
Pasa sus días mirando al cerro.
La casa se abre para recibirnos en las temporadas de siembra
y se cierra para darnos descanso y abrigo en la noche
con el canto de las ranas en el humedal.
En abril los pájaros se comen las guayabas,
un día tendrán variedad de frutas y árboles para anidar,
las abejas e insectos llegarán con el viento a las flores y pastos
en los claros del bosque donde vive el oso.









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